COMPETITIVIDAD GERENCIAL EN EL SISTEMA EDUCATIVO

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Realizar un ensayo sobre Competitividad Gerencial en el Sistema Educativo, nos lleva primeramente a indagar acerca del concepto de competitividad, el cual definimos como el conjunto de habilidades y condiciones requeridas para el ejercicio de la competencia, entendida esta última como la rivalidad entre los grupos de vendedores y como parte de la lucha económica. Debido a esta realidad, el uso del término “competitividad” fue, en un principio, de aplicación exclusiva a las empresas y, a más larga escala, a las industrias (vistas como un grupo de empresas pertenecientes al mismo sector económico).

Actualmente, se considera al Prof. Michael Porter de la Universidad de Harvard, como el creador de la aplicación de este concepto en el contexto de las naciones. El desarrollo de las teorías del Prof. Porter en nuestro país se tradujo en un amplio trabajo titulado “Venezuela: el Reto de la Competitividad”. Así mismo, el concepto se extiende a la nación por constituir el agregado de los esfuerzos que hacen todos sus ciudadanos, los líderes políticos y las empresas por salir adelante, mejorar su entorno y colaborar con el desarrollo de la economía y la sociedad.

La realidad en las instituciones educativas

Cabe mencionar que la competitividad en las instituciones educativas es el proceso a través del cual se orienta y conduce la labor docente administrativa de la escuela y sus relaciones en cuanto al entorno con miras a conseguir los objetivos institucionales mediante el trabajo de todos los miembros de la comunidad educativa a fin de ofrecer un servicio de calidad, y coordinar las distintas tareas y funciones de los miembros hacia la consecución de sus proyectos tomando en cuenta el conjunto de habilidades directivas; orientadas a planificar, organizar, coordinar y evaluar la gestión estratégica de aquellas actividades necesarias para alcanzar eficacia pedagógica, eficiencia administrativa, efectividad comunitaria y trascendencia cultural.

Por consiguiente, la gestión pedagógica y la gestión administrativa se proyectan a vincularse con la comunidad, con una dimensión cultural que debe alcanzar frutos duraderos en las personas y en los  grupos humanos.
Es por esto que en nuestro Sistema Educativo Venezolano la competitividad, si bien incluye aspectos de las demás funciones, tiene que estar ligada con las acciones de innovación en la docencia que permitan elevar la calidad de la formación de los estudiantes y transitar hacia el nuevo modelo educativo centrado en el aprendizaje.

La oferta educativa debe ser pertinente e innovadora para que contribuya al desarrollo de la sociedad; y la propuesta formativa de los planes de estudio, aplicada a través de modalidades mixtas que aprovechen la infraestructura tecnológica, debe definir lo que el alumno debe saber hacer en un contexto determinado.

El desarrollo integral de los estudiantes debe considerar el rol de éstos como personas, ciudadanos, aprendices y futuros profesionales, capaces de insertarse exitosamente en el campo laboral y social. Estos propósitos no pueden lograrse sin un alto nivel de habilitación de la planta docente en las funciones básicas de docencia, investigación, tutoría y gestión, lo que implica diseñar procesos de evaluación formativa de la práctica educativa.

La competitividad tiene mucho que ver con los egresados, finalmente ellos son el principal referente que la sociedad tiene sobre la formación profesional que se transmite. Se deben aplicar estrategias de seguimiento desde su ingreso, durante su permanencia y continuar después su acompañamiento como egresado.

La competitividad gerencial en la actualidad

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La sociedad del siglo XIX se perfila como poscapitalista y el conocimiento será su principal recurso desde el punto de vista de la competitividad. Nuestra tarea fundamental es generar ese conocimiento esencial para no quedarnos rezagados en la ola del cambio. Este objetivo ser logra a través de la investigación científica y tecnológica, la creación de nuevos productos, la formación de recursos humanos y la reflexión política, social y filosófica profunda, pero no nos podemos limitar sólo a generar conocimientos. Tenemos que aprender a aplicarlos y traducirlos en mejoras socioeconómicas para nuestros ciudadanos.

El divorcio entre la educación venezolana y el sistema productivo cada vez se ha hecho más profundo. La agenda educativa del país parece darle la espalda a la necesidad de convertir nuestro sistema de enseñanza en una palanca de desarrollo que genere una cultura de la productividad y la eficiencia. Si la nación no es capaz de entender la necesidad de reestructurar el sistema educativo en función de vincular el esfuerzo individual, la eficiencia y la productividad, Venezuela quedará atrapada en la competencia del siglo XXI con criterios del siglo XX y el anhelado desarrollo se convertirá en una utopía.

“La educación ha ido perdiendo su carácter de formación para convertirse en algo deformativo, en mero instrumento para favorecer la competitividad; una rama más de la economía. La competitividad es ahora un valor pedagógico.”

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